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30 mayo 2014

Recuerdos del Maraton de Sables


Sables es una sucesión de momentos inolvidables, os dejo algunos de ellos:

La llegada el primer día, me bajé del autobús que nos había llevado al primer campamento, cogí mi equipaje y me giré, allí estaba, el desierto frente a mi con las impresionantes dunas de El Chebbi al fondo. Recuerdo la sensación de contradicción mientras caminaba buscando mi jaima como si aquello fuera lo mas normal del mundo pero dándome cuenta de que aquello era de todo menos normal.

El Cielo de noche y los amaneceres, espectáculo de la Naturaleza, belleza en estado puro.

Marco Olmo en la primera salida, leyenda viva en su 19 sables, estaba a mi derecha, mirando fijamente a todos apoyado en el arco de salida, transmitiendo con su mirada aguileña una tranquilidad aplastante y un dominio total de la situación, ahí te das cuenta que la elegancia es una actitud y no llevar traje y corbata como algunos piensan

El instante de la salida, la cuenta atrás de tu vida, los ánimos de los compañeros, ACDC atronando, Highway To Hell, los helicópteros elevándose, saber que es “El Momento”.

El paso del Chebbi, el Infierno, terrorífico.

La llegada a Meta de la Primera etapa junto a un tunecino que corría con las zapatillas en las manos, ver el estado de sus pies y dolerme el alma, el abrazo que nos dimos sin conocernos bajo el arco de Meta, no lo volví a ver en todo sables, supongo abandonó, pensé mucho en él.

La llegada del resto de compañeros en cada etapa y celebrarlo como si España hubiera ganado el Mundial

La amabilidad y cuidados de Sandy

Quitarme las zapatillas cada tarde y descubrir dedo a dedo el destrozo, derrumbarme y recibir el apoyo inmediato e incondicional de los que estaban a mi lado

Los cruces entre españoles y conocidos durante las etapas, momentos mágicos de apoyo ya fuera a través de palabras de ánimo o de un simple gesto o mirada cuando las fuerzas no daba para mas, complicidad y compañerismo en su máxima expresión.

El momento que recibes los mensajes desde el exterior, de las personas que te quieren y te animan a seguir.

Cova en la mitad de la nada achicharrándose viva, tirando fotos y arrancándome la única sonrisa posible durante la etapa.

La energia de Anastasio

Las despedidas diarias en la jaima entre Edgar y Juan (Padre e Hijo) tras el abandono de Juan, la eterna tristeza que sentía por ambos en ese momento tan duro y la admiración por la fortaleza que demostraban cada uno dando la mejor versión de si mismo en las peores circunstancias, la alegría de saber cada tarde que Juan estaría con nosotros un día mas, y así día tras día hasta el final.

Las palabras de Julio en un momento determinado

La araña que se coló en la jaima

Rafa Ruso, con los pies en carne viva y contando chistes en nuestra, su jaima, como si nada.

La francesa dorsal doscientosypico, tenía que decirlo (la rueda a seguir, distracción de los primeros kilómetros, justo hasta que me dejaba atrás por no poder aguantar su ritmo, muy muy a mi pesar) Chapeau!!!

Valentí y Salva en el tramo de dunas de la tercera etapa

La cuarta etapa enterita, de pe a pa, no se me va a olvidar nada.  A destacar:
todo lo que nos ayudamos entre nosotros
el tramo entre el 32 y el 45, sin agua….
Encontrar a Gonzalo en el puesto km 45
Jauma a partir del 45
Jordi adelantándome de noche con una fuerza que envidiaré de por vida, grande!!!
La paranoia que sufrí creyendo que iba a ser presa de las serpientes cuando me quedé completamente solo en el desierto de noche
Edgar pasándome en plena noche, a pesar de haber salido 3 horas después, ofreciéndome la imagen deportiva mas bella que he visto nunca, la mezcla entre su figura elegante y su gesto agónico mientras no dejaba de correr sobre un terreno y distancia imposible donde todos los demás hacia ya tiempo que nos habíamos rendido. Admiración total.
La dulzura de la voluntaria del último checkpoint y sus palabras de cariño hacia mi en perfecto español
Los interminables y eternos últimos 5 kilómetros con la visión del campamento al fondo, el sentimiento de derrota absoluta y frustración que tenía por no poder echar a correr como todos los que me iban pasando a pesar de que lo intentaba una y otra vez. El alivio de llegar al campamento sano y salvo.

La lata de CocaCola.
El recibimiento de los últimos al día siguiente tras 34 horas de etapa y con una sonrisa en la cara

Los cuidados de Cristina, de Jose y de Angel

El paseo por Unicef con Gonzalo

La salida de la última etapa, cuando la vida me regalo como deportista el poder salir entre el grupo de los primeros, la épica del momento y esa sensación de verme allí con los “buenos”, de sentirme realizado, de saber que había peleado al máximo y que había dado lo mejor de mi.

La concentración y autocontrol de emociones con la que tuve que correr la última etapa hasta que a falta de 5 kilómetros vi a lo lejos el arco de Meta.

Esos últimos 5 kilómetros de Felicidad total sabiendo que había realizado mi sueño con la foto de mi Padre en la mano, para nosotros quedan Papá.

Mil gracias a todos

Manuel Olmo
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